Las creencias pseudocientíficas siempre explican su magia con ciencia que aun no entendemos a cabalidad como la física cuántica o partículas aun no muy comprendias.

 

Un reciente estudio de las universidades de Deusto y Nueva Gales del Sur (Australia) demuestra que las personas que confían en tratamientos basados en pseudociencia tienen dificultades para reconocer que otros con eficacia científicamente demostrada sí provocan efectos beneficiosos. Los resultados del trabajo se acaban de publicar en la revista British Journal of Psychology.

Steve Jobs sucumbió a la enfermedad más rápidamente por su negativa a usar la medicina convencional.

En octubre de 2003 se le diagnosticó un cáncer, y a mediados de 2004 anunció a sus empleados que tenía un tumor canceroso en el páncreas. El pronóstico para cáncer de páncreas suele ser muy malo; Jobs afirmó que tenía un tipo raro de cáncer de páncreas menos agresivo conocido como carcinoma de los islotes pancreáticos.A pesar de su diagnóstico, Jobs -budista y vegetariano- se resistió durante 9 meses a seguir las indicaciones para realizar una intervención habitual en la medicina convencional, y en su lugar siguió una dieta especial de medicina alternativa en un intento de acabar con la enfermedad. El médico de Harvard Dr. Ramzi Amir, especialista en ese tipo de cáncer afirmó:

Dadas las circunstancias parece evidente que la elección de la medicina alternativa por parte de Steve Jobs le condujo innecesariamente a una muerte temprana.

Steve Jobs sucumbió a la enfermedad más rápidamente por su negativa a usar la medicina convencional.

Si el cáncer de Steve Jobs hubiese sido retirado quirúrgicamente poco después de su diagnóstico, él podría haber sobrevivido sin efectos secundarios.

Steve Jobs tenía unos tumores neuroendocrinos relativamente poco severos, comparados con el muy agresivo adenocarcinoma que tienen el 95% de los pacientes de cáncer de páncreas.

En mi serie de pacientes para muchos subtipos de este cáncer la tasa de supervivencia durante más de una década fue del 100%.

Según su biógrafo, Walter Isaacson, “durante nueve meses se negó a someterse a cirugía para el cáncer de páncreas – un decisión que lamentó más adelante cuando su salud empeoró. “En su lugar usó acupuntura, dietas vegetarianas, hierbas medicinales y otros tratamientos que encontró en internet, e incluso consultó a un vidente. Hasta julio de 2004 en que se operó también estuvo influenciado por un doctor que en su clínica aplicaba enemas, ayunos y otros tratamientos pseudocientíficos.

Investigadores de la universidades de Deusto y la australiana Nueva Gales del Sur han llevado a cabo un estudio que demuestra que las personas que desarrollan la falsa creencia de que un tratamiento ineficaz ( ej, homeopatía) está funcionando pueden tener dificultades para reconocer que otro sí es beneficioso.

La cuestión que se propusieron abordar los investigadores fue la siguiente: ¿Puede el hecho de creer en una terapia pseudocientífica (es decir, ineficaz) hacer que una persona sea menos propensa a percibir la eficacia de un tratamiento probado científicamente? Esta investigación podría explicar por qué hay personas que, en favor de terapias pseudocientíficas, rechazan la medicina convencional, lo que puede llevar a nefastas consecuencias.

Según señala Ion Yarritu, investigador de la Universidad de Deusto y uno de los autores del estudio “a menudo las personas desarrollamos falsas creencias acerca de cómo los sucesos que ocurren a nuestro alrededor se relacionan causalmente. Llamamos a esto ilusión causal. Un ejemplo de este tipo de ilusiones es la llamada Ilusión de control, fenómeno que describe la tendencia generalizada a atribuir a nuestras propias habilidades la ocurrencia de eventos favorables, que en realidad son del todo incontrolables”.

Pese a que estas falsas creencias “pueden en ocasiones tener efectos psicológicos beneficiosos, como la tranquilizadora sensación que produce el sentir el control sobre nuestras vidas, no están exentas de riesgos”, agrega.

En la investigación participaron 147 voluntarios divididos en dos grupos. Durante la primera fase del estudio uno de los grupos desarrolló una fuerte ilusión causal que hizo germinar la falsa creencia de que una medicina (ficticia) producía la recuperación de unos pacientes (también ficticios). El otro grupo también desarrollo esta ilusión pero en menor grado.

Para ello, los autores mostraron a los participantes 100 escenarios en los que unos pacientes ficticios aquejados de una enfermedad podían haber tomado o no una medicina, tras lo cual se indicaba si el paciente se recuperaba o no.

Dado que los pacientes ficticios se recuperaban con la misma probabilidad independientemente de que hubiesen tomado o no la medicina, la efectividad de la medicina presentada en esta fase primera era nula. La diferencia entre los dos grupos de participantes residía en que mientras uno de los grupos observaba muchos casos de pacientes que tomaban la medicina el otro observaba muy pocos. Esto hizo que los participantes del primer grupo desarrollasen una ilusión mayor que los del segundo acerca de la efectividad de la medicina (ineficaz) para producir la recuperación de los pacientes.

En la segunda fase del estudio se mostró a los dos grupos de participantes 100 nuevos escenarios en los que la medicina ineficaz de la fase anterior se presentaba conjuntamente con una nueva medicina. La probabilidad de que el paciente se recuperase era mayor habiendo tomado las dos medicinas que sin haber tomado ninguna. Es decir, la introducción de la nueva medicina incrementaba la probabilidad de recuperación, por lo que ésta sí tenía un efecto beneficioso.

El resultado principal del estudio fue que el grupo de participantes que habían desarrollado una ilusión más fuerte en la primera fase valoró la nueva medicina (que sí era eficaz) peor que el otro grupo.

Los resultados indican que desarrollar una creencia ilusoria acerca de la habilidad de una causa (la medicina ineficaz) para producir un resultado (la recuperación) puede evitar que se aprenda adecuadamente la relación existente entre otra causa (la medicina eficaz) y el resultado (el cual sí produce). Esto podría explicar por qué algunas personas renuncian a los tratamientos cuya efectividad se ha comprobado científicamente en pro de tratamientos pseudocientíficos poco o nada eficaces.

El Dr. Ion Yarritu y la Dra. Helena Matute de la Universidad de Deusto, en Bilbao, junto con el Dr. David Luque de la Universidad Nueva Gales del Sur, en Sídney, fueron los autores de este estudio.

 

Por aika sofia

soy entusiasta de la ciencia me gusta aprender de todo si pudiera pasaría mi vida estudiando el mundo, eh estudiado seguridad informática programación, diseño, grafico, música, animación todo desde el espectro autodidacta, me gusta el anime los videojuegos, mi favorito es metal gear solid y ace combat. soy artesana de profesión actualmente y tengo un canal de divulgación científica, eh considero que tengo dificultades en el aspecto social establecer relaciones, entender situaciones consideradas como simples para la mayoría, considero que soy muy directa y a veces y creo que se, mal interpreta mi opinión o es considerada muy radical o fuera de los estándares socialmente aceptados, suelo ser una persona muy seria apática y depresiva además de autoexcluirme de la sociedad al permanecer la mayoría del tiempo en casa y no salir amenos que sea muy necesario, mi tiempo laboral esta invertido, es decir duermo de día para evitar un exceso de contacto con personas ajenas a mi familia